Uxue Ibarrola: el cambio y lo que queremos cuidar

Uxue asesora e implementa proyectos de cambio. Entiende las resistencias como oportunidades, porque el cambio, si se sabe gestionar, suele merecer la pena.

Uxue, ¿por qué nos cuesta tanto cambiar?

Yo te diría que no se gestiona adecuadamente. Cuando hablamos de cambio, dos grandes fuerzas se encuentran: una por el cambio y otra por la continuidad. En ambas hay que poner atención. En ambas hay un plano consciente y otro inconsciente.

El plano más consciente del cambio es la intención. Y en el más inconsciente está el cambio adaptativo. Todo cambia. Las organizaciones son sistemas vivos que cambian y se adaptan lentamente, muchas veces sin darse cuenta.

En la fuerza por la continuidad, a nivel consciente están las resistencias, y a nivel inconsciente, las inercias.

¿Cuál es el precio del cambio?

Me gusta la pregunta. Cuando hablamos de cambio, no solemos hablar del precio que trae consigo. Siempre hay un precio. ¿Quién lo paga? ¿A quién va a afectar realmente ese cambio? Lo primero que hacen las organizaciones es vender el cambio desde su parte más positiva. Claro que hay una ganancia, pero también una pérdida. Entenderlo es importante. Negarlo provoca que las resistencias tomen más fuerza.

Ponemos mucho foco en lo que tiene que cambiar, pero también lo hemos de poner en lo que tenemos que cuidar. Detrás de cada resistencia, hay una petición. A veces, una dificultad, a veces miedo a la pérdida de algo, pero siempre tienen que ver con qué queremos cuidar: al equipo, la seguridad, lo que sea.

Poner más foco en lo que cuidar parece contradictorio.

Según Janssen, todo cambio tiene una parte positiva y otra negativa. Y todo “no cambio” también.

En el no cambio, lo positivo es lo que queremos cuidar y nos da satisfacción, y lo negativo es lo que necesito soltar: suelen ser quejas, negación, dificultades, excusas…

La parte positiva del cambio es aquello que puedo incorporar ya, directamente. Le llamamos renovación y está vinculada a la innovación. Y la negativa es esa otra parte más confusa que necesita mayor información, contexto y claridad.

Necesitamos gestionar los cuatro cuadrantes. A mí, el que más me gusta es lo que tenemos que cuidar ya que se pueden desactivar grandes resistencias. La continuidad también trae elementos que es importante que perduren, en la empresa, la familia, la política…

Preservar y cuidar requiere prudencia. Que el cambio triunfe exige sentido de premura y urgencia. ¿Qué debe prevalecer?

Lo que importa es que sea el momento adecuado. Para mí se tienen que dar algunos ingredientes. Primero, que haya cierto descontento. Si todo va bien, es muy difícil generar cambios, porque, de alguna forma, no se perciben necesarios. Segundo, tiene que haber mucha visión de hacia dónde queremos ir. Un descontento sin visión es un grupo de quejas. Eso no sirve para nada. Necesitamos que exista un siguiente paso, no un siguiente gran paso, pero sí que podamos accionar algo. Importa también que la organización se conecte con los recursos, entendidos como las cualidades que tenemos y nos permiten avanzar. Y todo esto tiene que ser más fuerte que las resistencias y las inercias.

¿Qué es más difícil gestionar, las resistencias o las inercias?

Las inercias, porque no somos conscientes. Recuerdo mi primer día en una empresa. Pensé “qué miedo da esto, todo el mundo está a la defensiva y se habla fatal”. A los tres meses, me dije: “bueno, no es para tanto”. ¿No era para tanto o es que yo ya había asumido este patrón del sistema? Estaba claro que el lenguaje seguía siendo muy agresivo en todo el mundo, tanto dentro como en las relaciones externas.

¿Cómo lo hice consciente dentro de la organización? Cuando empezaron a atacarme, no a mí personalmente, sino a lo que yo representaba en esa reunión, en vez de defenderme, por primera vez utilicé el humor: “parece que estoy en el Sálvame, y así no construiremos algo nuevo». La inercia se hizo visible y comenzó su transformación. Lógicamente el cambio requiere proceso.

Una vez que somos conscientes y les ponemos nombre, las inercias se transforman en resistencias.

¿Es siempre positivo el cambio y negativa la resistencia?

No, no todos los cambios son buenos. El ejemplo es el cambio climático. ¿Es bueno? No. ¿Tenemos que adaptarnos a él? Sí.

Las resistencias pueden ser muy diversas: negarlo (“no existe”); no aceptarlo (“como me asusta, no me lo creo”) o luchar (“porque quiero cuidar el planeta, tengo que hacer algo”).

Ni todos los cambios son buenos, ni todas las resistencias, malas.

Mil gracias, Uxue.

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