Marina Alonso es antropóloga especializada en seguridad e innovación. Su experiencia como analista de inteligencia se une con labores de investigación y coordinación académica.
En los congresos que diseña y coordina, utiliza metodologías que se diferencian mucho de la ponencia magistral. Cuéntanos.
Para mí, la clave de los congresos es que la comunicación sea bidireccional. Es decir, que haya ponencias de expertos en el tema, pero que también la audiencia pueda presentarse brevemente y decir quiénes son y lo que buscan. Al final los espacios de networking son limitados y nunca es posible hablar con toda las personas con quienes nos gustaría. Así que facilitar que la gente, tanto ponentes como público, sepan quién es quién, facilita mucho romper el hielo e iniciar conversaciones.
En los últimos dos congresos que he diseñado para la Universidad de Salamanca, por ejemplo, hay ponencias y mesas redondas, pero los participantes también tienen un espacio para presentarse. En la mañana del segundo día, hacemos lo que llamamos las “Rondas Relámpago”, durante las cuales los participantes son quienes suben al estrado y, en menos de cuatro minutos, presentan sus propios proyectos.De una manera muy muy rápida, cuentan qué hacen, quiénes son y qué buscan. Eso facilita la conexión, porque ya se ha roto el hielo y en los espacios de networking ya identifican a quiénes quieren acercarse durante las pausas y con quiénes quieres colaborar.
¿Y en la formación para directivos?

Es muy importante que la atención aguante. Una mentora me enseñó que “la atención aguanta lo que aguanta el culo en la silla”, y se me quedó grabado. El momento en el que empiezas a revolverte en la silla, la atención ya no está contigo. Por eso es imprescindible combinar la actividad y la reflexión. El conocimiento se queda más cuando tú encuentras la respuesta que cuando te la dan.
Me encanta el método socrático de hacer preguntas. En mis formaciones lo primero que hago es plantear un problema que los participantes tienen que resolver. El objetivo es que sean ellos los que hagan el proceso de descubrir el conocimiento que vamos a ver en la teoría.Los problemas se pueden resolver de muchas maneras y con muchos itinerarios, es el proceso de buscar las respuestas lo que más merece la pena trabajar.
¿Y después?
Depende. La parte posterior es muy relevante. Muchas veces resuelves el problema y piensas que ya está hecho, pero el problema se te va a presentar de una manera diferente en el futuro. Esa adaptabilidad es la que debe trabajarse, viendo qué tipo de itinerarios podría haber seguido ese problema.
Para mí, lo importante no es la solución, sino el método a través del cual llegas a la solución. Lo que aprendes haciendo el ejercicio una vez es la solución y la teoría. Lo que aprendes repitiéndolo varias veces es el método, no de llegar a la misma solución, sino de solucionar un problema.
¿No debe ser fácil dar con ese método?
Uno de los grandes problemas que veo en la gente ahora es que les resulta muy difícil reencuadrar un problema, mirarlo desde otro punto de vista, hacerse preguntas diferentes.
Para mí, ese trabajo tiene una base muy antropológica, porque la manera en la que abordamos una situación termina siendo el resultado de cómo hemos hecho las cosas de antes a ahora, de repetir patrones, del significado que damos a las cosas.
Es un trabajo más profundo, de cuerstionarnos si quizá lo que estoy viendo es solamente una parte de lo que podría llegar a ver, el porqué veo las cosas como las veo y qué es lo que me influye a la hora de ver lo que estoy viendo.
Pero esto es coaching, ¿o no?

Depende de cuál es el estilo del coach y de qué tipo de rama de la antropología hablamos. Puede que haya similitudes, aunque el enfoque es diferente. La antropología se basa en entender las causas raíz de algo, la cultura y el contexto; el coaching quizá tiene un enfoque más centrado en el individuo.
La antropología busca entender esos patrones invisibles, ese episteme del que nos hablaba Foucault: por qué de repente las cosas son así y dentro de 20 años van a ser diferentes, cuáles son los patrones que configuran nuestro pensamiento.
De todas maneras, antropología y coaching no creo que sean excluyentes. Aunque eso depende de quién sea el coach. Algunos son como predicadores evangélicos. Sales de la sesión con la adrenalina disparada y luego llega al problema y no sabes cómo abordarlo. Con las ganas, el problema no se resuelve.




