Tras años de experiencia, lo que más te llama la atención es el trabajo en equipo y la actitud de las personas.
A lo largo de mi experiencia he comprobado que por debajo de la comunicación, la gestión de conflictos o el liderazgo, siempre hay personas que se relacionan, que persiguen un objetivo común y tienen un propósito. Pero no siempre son compartidos. Ahí, está la verdadera diferencia.
Y esas personas no siempre tienen la misma actitud.
Claro. La actitud depende de muchas cosas. Primero, hay una mochila emocional y un modelo mental individual, que condiciona la toma de decisiones.
En mi opinión, es mejor aplicar un poco la “experiencia Dory” (de Nemo), que solo tiene memoria a corto plazo. Es vivir cada momento sin condicionamientos del pasado, es colaborar y confíar en ese “flow” de lo que sucede en la vida, personal y profesional.
En segundo lugar, elegir qué actitud poner a la hora de colaborar, comunicar y buscar un clima positivo de relación.
En tercer lugar, tomar conciencia de las consecuencias de cómo influimos, cómo participamos en las reuniones, cómo enviamos correos y cómo trabajamos, con y para los demás. ¡Tú decides!
¿Todo el mundo tiene buena actitud?

Yo me he encontrado un poco de todo. Lo cierto es que una actitud positiva, predispone al aprendizaje y hacia la adaptación a los cambios. La actitud condiciona mucho los resultados. Por eso es muy difícil mantener una actitud negativa a lo largo del tiempo. Hay excepciones, evidentemente, pero un caldo de cultivo positivo es muy contagioso.
Un modelo que me gusta mucho y que habla de todo esto, es el de Patrick Lencioni. A través de una fábula empresarial, describe en su libro “Las cinco disfunciones de un equipo”. En la base de la pirámide, sitúa la ausencia de confianza y la importancia de la seguridad psicológica. La segunda capa de la pirámide, es el temor al conflicto. Puede que haya muy buena comunicación, pero si no afrontamos los conflictos, las tensiones no se gestionan eficazmente. Luego como tercer y cuarto escalón, están la falta de compromiso y la evasión de responsabilidades, que acaban provocando pérdida del objetivo y, como cúspide de la pirámide y consecuencia evidente, desatención a los resultados.
¿Cómo evitar estas disfunciones?
Sembrando constantemente, siendo generoso con el conocimiento, participando y gestionando la presión y los cambios a favor del objetivo común. La formación y el coaching ayudan y mucho a ello.
En formación, por ejemplo, hay ejercicios que hacen magia, y dinámicas que trabajan metáforas y formas de revertir las disfunciones de un equipo. Las herramientas que desarrollamos, son de gran utilidad, independientemente de la cultura y la empresa con la que estemos trabajando, y además funcionan en la realidad del trabajo.
Trabajamos contenidos que nuestro sentido común a veces olvida.
Necesitamos recordar, como otro ejemplo clave, las 5 C´s” del trabajo en equipo: comunicación, colaboración, cohesión, compartir y complementariedad. Lo sabemos ¿verdad?… ¡vaya! se nos olvida.
¿Por qué la gente no confía en su empresa?
Porque no tienen seguridad psicológica. En los cursos y sesiones escucho: no sé en qué correo me van a copiar y sus consecuencias; cuando voy a una reunión, no sé qué me van a preguntar o tengo que llevar preparado; cuando hay situaciones adversas, no me siento respaldado…
Últimamente me he metido en el mundo del remo, en falucho en concreto. Hay que confiar en el timonel. Él marca el ritmo. A veces ve cosas que tú no ves, porque quien “está de marca”, otro de los compapeños cerca del timonel, tiene más experiencia y sabe lo que hay que hacer.

En ocasiones, hay que cerrar los ojos y dejarte caer en una red de compañeros que saben lo que hacen. Para mí, eso es confianza. Y si no, busca el momento para dar tu punto de vista de forma eficaz y con las herramientas adecuadas.
La actitud es muy personal. ¿No es invasivo que en un curso alguien te diga que tienes que cambiar y mejorar tu actitud?
Creo que la formación es una oportunidad. Todos nos creemos con un poder especial para ver lo que nadie ve. El biólogo Maturana decía que la realidad no existe, sino que es como cada uno la mira. La formación no son lecciones magistrales, sino una oportunidad para ver otros enfoques. Es darte cuenta de cosas que pasan y hablan de ti, porque lo de verlo en otros es muy fácil.




