Laura Curto: la fuerza tranquila de la asertividad

Laura es especialista en contenidos como asertividad, gestión de conflictos y comunicación no violenta. Son temas interconectandos: hablar de uno no es posible sin referir a los otros.

¿Qué es asertividad?

Nosotros la entendemos como una habilidad. A mí, la definición que más me gusta es la de Olga Castañer, que la describe como expresión de una sana autoestima.

En función de lo vivido y de cómo fuimos educados, desarrollamos bloqueos o potenciadores que nos hacen más o menos asertivos, o sea, más capaces o no de expresar y defender lo que pensamos y sentimos. Cuando una persona tiene autoestima, es capaz de defender sus intereses, de cuidarse y respetarse a sí mismo, y a su vez también cuidar y respetar a los demás, teniendo en cuenta sus intereses.

Al final, eso es la asertividad: la habilidad de expresar lo que piensas y sientes cuidándote y cuidando al otro, sin dañar la relación.

¿Nos cuesta expresar lo que pensamos o lo hacemos con demasiada vehemencia?

Pues las dos cosas. En ocasiones, puedes no ser asertivo por ser incapaz de decir lo que piensas y sientes. Normalmente, es por miedo. Miedo a no ser aceptado, a no ser querido, miedo a que tu opinión no guste, a que piensen que estás diciendo una tontería. En definitiva, es miedo o inseguridad.

Y también puedes no ser asertivo por lo contrario: dices las cosas tal cual te vienen a la cabeza, sin ningún tipo de filtro. Te sientes con el derecho de decir lo que piensas sin tener en cuenta al otro.

Los estilos agresivos y sumisos no son asertivos.

Pero los que generan más conflictos son los agresivos ¿no?

Normalmente es así. El sumiso quiere armonía, pone la relación por encima y desea llevarse bien con todos. No quiere conflictos, los evita. Y la manera que tiene de hacerlo es no diciendo lo que piensa, sino lo que el otro quiere oír.

Por el contrario, el agresivo quiere imponer su opinión. No escucha ni cuida al otro. Lo ve con miedo: “si el otro alcanza sus intereses, yo no cumplo los míos”. El agresivo está continuamente defendiéndose. Necesita sentir que tiene razón y que el otro está equivocado. Ser agresivo no deja de ser también una debilidad y una falta de autoestima o inseguridad.

Según tu experiencia, ¿hay más sumisos o más agresivos?

Diría que casi por igual. En las sesiones de coaching, se trabaja mucho la asertividad.

Hay muchas personas que no se atreven a decir “no” por creencias limitantes: creen que no se puede decir que no a un jefe, que no se puede cuestionar una orden, que no se puede negociar…

Y luego están los perfiles agresivos, personas impulsivas que no escuchan y tratan de imponer su razón. Creen que “yo, como soy jefe, soy el que tiene que decir lo que se tiene que hacer, el que tiene que saberlo todo, al que no se pueden cuestionar las órdenes, porque si no, no soy un buen jefe”.

¿Prefieres una organización sumisa o agresiva? La sumisa parece más tranquila.

Ninguna de las dos es buena. Una organización sumisa es la que hace lo que el jefe dice y ya está. No se cuestiona ninguna decisión. Nadie opina. No hay iniciativa: o el jefe toma la decisión, o no se toman decisiones. Una organización sumisa no crece ni se desarrolla. Es un grupo de personas que actúan como “borregos” y que hacen lo que se les dice, sin cuestionarlo.

O sea, ¿lo que estás diciendo es que es bueno que haya conflictos?

Efectivamente. El conflicto es necesario e inevitable, es inherente al ser humano. No podemos evitar que haya conflictos en una organización, igual que no se pueden evitar en una familia o en una relación de pareja o de amigos. Que las personas u organizaciones sumisas rehúyan del conflicto, no significa que no exista. Significa que no lo gestionan bien.

El conflicto no es malo en sí. Lo que lo hace malo es su gestión.

¿Ser asertivo se puede aprender?

Pues es como el liderazgo: se nace y también se hace. Se requiere mucha reflexión y exposición a situaciones difíciles. La madurez es clave, y también el puro entrenamiento.

Para terminar, ¿qué receta nos das?

Escucha lo que necesitas y exprésalo con claridad y respeto, así te vas a sentir mejor y en paz, porque estás cuidando de ti y también del otro.

Muchas gracias, Laura. Más adelante hablaremos de “comunicación no violenta”.

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