Pensamos y nos emocionamos. Somos seres racionales y emocionales. Las emociones nos llaman mucho la atención y despiertan nuestra curiosidad, pero en el fondo no sabemos tanto de ellas. ¿Estás de acuerdo?
A veces hay mucha forma y poco fondo. Es cierto que vemos y reconocemos las emociones, ¡y qué bien que sea así! La tristeza, la alegría…, las emociones que hemos clasificado como básicas las conocemos desde un lugar cognitivo.

Lo que nos falta es dar el paso a habitar la emoción, a poder sentir la emoción. No es lo mismo pensarla que sentirla. Para eso, se necesita el cuerpo, una vasija, un lugar donde transitar todas las emociones y donde poder procesarlas. Y eso nos da miedo. Tenemos miedo sobre todo a la intensidad de las emociones y a qué hacer con ellas.
En muchas sesiones individuales me dicen “no, si yo soy una persona que habla mucho de mis emociones”. Ya, pero no es hablar, sino vivir las emociones. ¿Las transitas con flexibilidad? ¿Entras y sales de ellas con facilidad, o te quedas estancado o las evitas?
Nos falta eso, tiempos de reflexión y de sentir, donde descubrir los patrones emocionales que tenemos y nos condicionan. Hemos de vencer miedos e ir, poquito a poco, quitándonos capitas para poder estar más en las emociones, quedarnos en ellas y transitarlas de una forma más profunda.
Las emociones básicas son seis, si no me equivoco.
Hay diferentes clasificaciones. Algunos coinciden en cinco, otros en cuatro. Yo no me metería en eso, porque son solo clasificaciones que utilizamos. Para mí lo importante es saber cómo nos relacionamos con la emoción. Nombramos las emociones y las ponemos en cajitas, pero ¿cuáles son mis memorias emocionales implícitas?
Cuando estoy en una conversación donde me siento insegura, ¿qué reacciones traigo y qué memorias me saltan? A veces me saltan las memorias de cuando mi padre siempre me ridiculizaba, de que no me escuchaban, de que no me entendían. Entonces, si siento algo parecido a estas sensaciones antiguas cuando estoy en una conversación en el presente, en mí hay una reacción que no es la más justa o adecuada para lo que está pasando en ese momento. Esto nos sucede mucho, y es ahí donde digo que tenemos que profundizar. Si soy una persona que se enfada con frecuencia, tengo que ver qué memorias hay detrás que me hacen vivir esa emoción tanto. Eso es lo complejo.
Se habla de las emociones desde una perspectiva individual o personal, pero ¿puede un equipo tener una emoción colectiva propia?
Yo creo que sí. Se puede ver perfectamente cómo hay equipos que están enfadados todo el tiempo, o equipos que están tristes… al igual que sucede con cualquier otro sistema: hay familias alegres, otras que son regañonas…
En cualquier sistema, y un equipo lo es, hay emociones predominantes que pueden estar marcadas por su historia. Igual que a nivel individual, estamos muy condicionados por nuestra historia de vida. Los equipos también tienen sus vidas y su propia historia.
Lo mismo que pasa a nivel individual, se puede ver reflejado en un equipo. Y el trabajo a realizar con el equipo sería igual: desvelar lo que no se ve y lo condiciona. La emoción es lo que vemos, lo que hay por fuera, pero necesitamos saber qué hay debajo de esa emoción, qué es lo que está construyendo esa respuesta, en qué experiencias se basa, en qué interpretaciones del mundo, en qué memorias vividas.
¿Las emociones son solo síntoma de algo más profundo?
Sí y no. Me explico. Hay quien entiende las emociones como un problema a resolver. Cuando no sabemos reconocerlas, comprenderlas o regularlas, se pueden convertir en una fuente de sufrimiento, reactividad y desgaste personal. Entonces, las tratamos casi como un producto: “si tengo esta emoción, la tengo que cambiar por esta otra, tengo que ponerme en positivo”.

Sin embargo, hay otro tipo de aproximaciones que son muy interesantes. La emoción no es un problema a resolver, sino una inteligencia a desarrollar, al igual que la inteligencia corporal. Son procesos complejos que involucran cuerpo, mente, atención y conducta.
Hablamos de desarrollar nuestros “potenciales”, no solo el cognitivo, sino también el desarrollo emocional, el corporal y el espiritual. Es como si tuviéramos cuatro patas y solo utilizáramos una o dos a lo sumo. Completarnos como seres humanos es integrar todas esas áreas tan nuestras.
Importa aprender a reconocer las emociones, porque si no las reconocemos y comprendemos, no las regulamos. Y esto vale por igual a nivel individual y colectivo. Pero no vale solo con “herramientas para ponernos positivos”. Es algo más profundo. Lo primero que hemos de saber es que las emociones forman parte de nuestra vida.




