Ana Vega: cuerpo y liderazgo sostenible

Coach y conferenciante especializada en estrés y emociones, Ana Vega nos habla del liderazgo sostenible.

Suena a salud y bienestar, pero ¿qué es exactamente liderazgo sostenible?

En las organizaciones, los programas de bienestar son talleres enfocados a actividades: clases de mindfulness, de nutrición… El liderazgo sostenible es mucho más, es saber encontrar nuestra vitalidad dentro de la organización. Dicen que hoy un 60% de personas desean cambiar de empresa o función. Si tu función o el dónde estás no te nutre ni te hace sentir vital, no es sostenible.

Las personas necesitamos sentir que aportamos. Hemos olvidado tener una cultura de cuidado donde darnos más tiempo y cambiar nuestras prioridades. El cuidado no solo es comer bien y hacer deporte. Es también ayudarnos, crear espacios para indagar, tomar conciencia de por qué nos cansamos tanto. Cuando vemos lo que no se ve fácilmente (tendencias reactivas, patrones aprendidos, tensiones cristalizadas en formas rígidas de pensar, emociones estancadas…), podemos regularnos y conectar con lo esencial.

¿Quién es responsable de generar esa cultura de cuidado: la empresa o la persona?

Yo creo que ambos. Uno tiene que ejercer su autoliderazgo, y la empresa lo tiene que apoyar. A veces uno quiere hacer un cambio, pero si el sistema no acompaña, la transformación es muy difícil. Uno solo no puede. La organización es responsable de crear los espacios para que sea posible.

¿Cómo hacerlo?

Creando programas de bienestar que faciliten ese primer paso de autoconocimiento. Cultura del cuidado es conocerse uno y conocer el entorno: ¿cuál es nuestro impacto en el entorno y cuál el del entorno en nosotros?

¿Y a partir de ahí?

Indagar desde cuatro niveles: cognitivo, emocional, corporal y espiritual. Cuáles son tus creencias, cuáles tus limitaciones como líder, qué traes al equipo, cómo reaccionas física y emocionalmente. En este sentido, creo que el gran olvidado es el cuerpo. Indagamos nuestras creencias y la forma de comunicarnos, pero olvidamos que eso lo sostiene un cuerpo.

¿Qué relación hay entre emoción y cuerpo?

Emociones y pensamientos viven en el cuerpo. Y el cuerpo refleja el mundo interno. Te pongo un ejemplo.

Alguien que no delega quiere trabajar la creencia “si no lo hago yo, no saldrá bien”. Podemos dar pautas y reglas básicas sobre cómo delegar, pero si en tu cuerpo hay patrones de miedo y de control, va a ser muy difícil. El trabajo en profundidad es ver cuáles son esos patrones y cómo han cristalizado en un cuerpo armado y como hacia adelante. Ese cuerpo es difícil que delegue. Nuestros programas trabajan lo que no se ve. En el cuerpo hay mucho inconsciente, y existen técnicas y herramientas para cambiar sus patrones.

¿Puedes compartir otro ejemplo?

Claro. “Quiero mejorar mi capacidad de comunicar en las reuniones. Aunque creo que lo hago bien, todos me dicen que soy muy agresiva”. Se puede trabajar desde lo consciente, estableciendo un plan sobre cómo debes expresarte en la reunión, pero si debajo hay un sistema nervioso que no sostiene una comunicación auténtica y sensible en la que pueda ver al otro, poco podemos hacer. Hay que trabajar el sistema nervioso de esa líder, reconocerlo, rastrearlo, invitarlo a que tenga momentos de seguridad…

Eso es un camino difícil, profundo y largo.

Más que difícil, desconocido. Nuestra cultura vive en el mundo cognitivo, que es muy importante. Luego, con Goleman, aprendimos que las emociones también eran muy importantes. Y, ahora, la neurociencia nos dice que el cuerpo también lo es.

Muchas investigaciones demuestran que recibimos la información antes por el cuerpo que por lo cognitivo. ¿Cuál es la dificultad? Que estamos desconectados del cuerpo. Necesitamos reaprender a escucharlo. No se hace de la noche a la mañana, ni leyendo, ni con píldoras de formación. Se tiene que experimentar y vivir.

No todos están preparados. Hay personas poco permeables a este tipo de experiencias.

Yo aquí siempre invito a ver cómo, hace años, no se hablaba de emociones. Eso es lo que pasa hoy con el cuerpo. Necesitamos ser más sensibles con nuestra neurobiología.

¿Cómo relacionas neurobiología y liderazgo?

Están profundamente relacionados ya que la neurobiología nos ayudan a entender comportamientos que tenemos a la hora de tomar decisiones, gestionar los cambios y el estrés, relacionarnos con uno mismo y con el equipo.

El cuerpo no puede ir sin la mente y la mente no puede ir sin el cuerpo. Hay una tendencia a separarlo. Nosotros hablamos de integración: cuerpo, mente y espíritu alineados con un propósito.

Qué bueno. Muchísimas gracias, Ana.

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